POR: REDACCIÓN
A diez años del histórico referéndum de 2016, el panorama en el Reino Unido ha cambiado de forma radical. Lo que comenzó como una promesa de soberanía absoluta y prosperidad económica se ha transformado, a ojos de la mayoría de los británicos, en un error histórico.
Hoy en día, las encuestas reflejan un fenómeno conocido popularmente como el «Bregret» (el arrepentimiento del Brexit), donde una sólida mayoría de la población considera que salir de la Unión Europea perjudicó al país.
Aquí te muestro cómo ha cambiado el Reino Unido tras una década de desconexión europea
La promesa de una «Gran Bretaña global» que comerciaría sin ataduras se ha topado con la realidad burocrática.
La salida del mercado único europeo introdujo aranceles ocultos, papeleo y controles fronterizos que han asfixiado a las pequeñas y medianas empresas británicas.
La drástica reducción de la inmigración comunitaria golpeó sectores clave como la agricultura, la hostelería, el transporte y, de manera muy dramática, el Sistema Nacional de Salud (NHS), que hoy sufre una escasez crónica de personal.
Aunque la inflación global afectó a todos, los analistas coinciden en que el Brexit añadió una presión extra a los precios de los alimentos y bienes importados en el Reino Unido.
La última década en la política británica ha sido una de las más convulsas de su historia moderna.
El Brexit devoró a varios primeros ministros conservadores (David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak) en un ciclo de crisis internas.
El desgaste del Brexit y la fatiga social abrieron la puerta al regreso del Partido Laborista al poder, con la tarea de reconstruir los puentes rotos con Bruselas.
Al salir de la UE, Londres perdió su papel de «puente» entre Estados Unidos y Europa, disminuyendo su influencia geopolítica en la toma de decisiones occidentales.
El Brexit no afectó a todas las naciones del reino por igual, lo que reavivó viejas tensiones
Para evitar una frontera física en la isla de Irlanda (lo que violaría los acuerdos de paz de 1998), se tuvo que crear una frontera comercial en el mar de Irlanda, separando administrativamente a la región del resto del Reino Unido y provocando años de parálisis política local.
El sentimiento proeuropeo en Escocia sigue siendo altísimo, lo que mantiene viva la llama y el debate sobre un futuro nuevo referéndum de independencia para reincorporarse a la UE.
Una década después, la postura general del país no es necesariamente la de pedir un reingreso inmediato a la UE un proceso que sería largo y complejo, sino la de exigir un «acuerdo más blando» que reduzca las fricciones comerciales y devuelva cierta estabilidad al país.
El Reino Unido de hoy es un país más pragmático, que ha aprendido por las malas que la soberanía total en un mundo globalizado tiene un precio muy alto.












