POR: REDACCIÓN
Es un hallazgo fascinante El descubrimiento ocurrió en el yacimiento arqueológico de Vráble, en Eslovaquia, un asentamiento de la cultura de la cerámica lineal (LBK) que representa a algunas de las primeras sociedades agrícolas de Europa Central (entre el 5250 y el 4950 a.C.).
Aunque la escena de 78 cuerpos amontonados en una zanja —donde 77 no tienen cabeza— hace pensar de inmediato en una masacre violenta o una ejecución, los científicos acaban de publicar un estudio (junio de 2026) en la revista Proceedings of the Prehistoric Society que le da un giro por completo a la historia.
El misterio no está en una guerra, sino en sus sofisticadas e impactantes costumbres:
Los antropólogos forenses examinaron al detalle las vértebras del cuello de los esqueletos buscando marcas de hachazos o golpes brutales típicos de una ejecución en el campo de batalla, pero no encontraron nada de eso. Al contrario, descubrieron que las cabezas fueron retiradas de forma limpia, cuidadosa y experta utilizando herramientas de corte muy afiladas. Los indicios apuntan a que los cráneos se separaron después de que las personas ya hubieran fallecido, como parte de un ritual planificado.
De los 78 esqueletos recuperados en esa sección de la zanja, solo uno conservaba el cráneo intacto el de un niño. Los arqueólogos aún no logran descifrar por qué este pequeño recibió un trato diferente o si los menores estaban exentos de la práctica que modificaba el cuerpo de los adultos.
La gran pregunta que desvela a los investigadores es: ¿Dónde están las cabezas? En toda la zona de la excavación solo se han encontrado fragmentos diminutos de cráneos. La inmensa mayoría de las cabezas simplemente se esfumó.
Los expertos sugieren que para estas sociedades neolíticas, el cráneo representaba el símbolo de la identidad, la fuerza o la vida de la persona. Hay dos hipótesis principales sobre su paradero
Los cráneos pudieron haber sido llevados al interior de las casas de la aldea o a santuarios especiales para ser venerados por sus familiares.
Las cabezas pudieron ser tomadas por otras comunidades como parte de intercambios políticos o rituales de apropiación de la identidad.
La excavación sigue abierta, ya que aún quedan más de 150 metros de zanja por explorar. Los arqueólogos esperan que los sectores que faltan por desenterrar revelen finalmente si las cabezas están ocultas en algún rincón secreto de la misma aldea.












